Exito de VIOLETAS PARA OLIVIA con los INFAMES

Julia montejo en tipos infamesAyer, 11 de mayo del 2011, a las 20:00 tuvo lugar la segunda presentación de Violetas para Olivia en la librería Tipos Infames de Madrid. Lleno absoluto y las mejores vibraciones. Fue un acto completo: ameno, interesante y entrañable. Carmen Fernández de Blas, directora editorial de MR, presentó a Nacho Alonso, periodista y tertuliano de reconocido prestigio, y a la autora, Julia Montejo. A continuación reproducimos el texto que sirvió a Nacho Alonso para dar forma a su exposición.
 

VIOLETAS PARA OLIVIA

 
 
No he hablado jamás con Julia de su novela. Por eso me siento libre para comentarla aunque sé que corro el serio riesgo de errar en mi forma de interpretarla.
 
Las normas de urbanidad sobre la presentación de un libro recomiendan que primero se hable de su autora, luego del meollo de la obra, cómo está escrita y, finalmente, por qué es recomendable su lectura.
 
¿Pero qué les voy a contar a ustedes de una persona que todos conocen, que está aportando a la sociedad española chiquillossuficientes para garantizar la tasa de reposición generacional; de alguien que, como diría Juan Cruz, es una trapera del tiempo que hurga entre cole y guardería, entre papilla y arrumacos, para arrebatar unos minutos para escribir; que se puede decir de unaprofesional que no renuncia a ningún medio de comunicación, a ningún estilo periodístico ni literario y que mantiene un especial idilio con el cine y su allegada la televisión?
 
Decididamente, con el permiso de ustedes, me salto a la torera este capítulo.
 
¿Qué es Violetas para Olivia?
 
Si algún día cualquiera de ustedes sube al desván de la vieja casa familiar y desempolva añosos baúles corre el riesgo de descubrir sus propios orígenes y eso a veces es peligroso porque no existe en la historia ningún curriculum de familia inmaculado. La memoria es dañina porque es verdad, como escribe Julia, que “sin el pasado no somos nada” (25), pero excavar en las arenas del pasado conduce a menudo al horror del pecado, la complicidad del delito y la melancolía.
 
Removiendo viejos recuerdos, caerán ustedes en la cuenta de que una familia es como un collar de perlas: casi todas parecidas, ninguna igual; todas atravesadas por el mismo hilo y todas con vida singular, todas irremplazables.
 
Así crece la novela de Julia, en torno a una familia cuyos miembros están unidos por el hilván de la sangre y las cadenas del amor y el odio, la vida y la muerte, la pasión y el tedio, el sexo y el abandono. Los Durango engarzan una familia que guarda tantos secretos que es imposible saber contra qué o de quien se protegen unos y otros.
 
¿Pero qué sucede cuando el collar se rompe y las cuentas ruedan por el suelo?
 
¿Qué pasa cuando el vínculo de la sangre y la pasión emparentan?
 
¿Será verdad que la pasión queda registrada en la herencia genética?
 
¿Pueden una madre y una hija replicar idéntica pasión por el mismo hombre?
 
Violetas para Olivia es un estudio sobre el alma de la mujer, de algunas mujeres.
 
La mujer es el centro del universo en la familia Durango. Los hombres, todos los hombres de la trama son accesorios, periféricos. Todos menos uno, uno solo, un hombre curiosamente capaz de perderse entre la multitud (56). En la disección de la estirpe de los Durango es imprescindible la presencia del hombre, pero son ellas, las mujeres, las que dan brillo al apellido y controlan el presente y futuro de la saga. Son ellas las depositarias de los valores eternos. Nada nuevo, por otra parte, ¡qué les voy a contar a ustedes!, bajo el sol de nuestras sociedades, si no fuera porque Julia, empuñando la balanza de la justicia divina, las hace también banqueras del mal. “Las mujeres somos muy listas, y ellos lo saben. A pesar de ser raza inferior, los hombres fueron capaces de inventar las telenovelas, las canciones románticas, la poesía…”. (181). Ingeniosos, sí, pero de Segunda División. Ellas, las mujeres, tejen y destejen la vida de la familia.
 
Cómo está escrita la novela, dicen, constituye la tercera parte de una presentación.
 
En Julia Montejo confluyen diversos caudales narrativos. Uno de ellos es el periodístico, y así se refleja de manera sospecho que espontánea en algunos pasajes de la obra. Por ejemplo, cuando describe el origen vital y las andanzas de la bisabuela de Olivia, un personaje por otra parte sin frase, que dirían en el cine. Julia retrata en dos páginas (64 y 65) con precisión de documentalista y técnica de reportero ilustrado cómo la tal Rosa María, ambiciosa sin límites, viaja desde la desnudez del páramo castellano hasta la galanura de los palacios sevillanos. Los Tico Medina y los Yale de los años setenta recortarían el reportaje para aprender y mejorar sus propios trabajos.
 
El cine está grabado a sangre y fuego en la vida de Julia, que como todos sabéis es fecunda guionista y directora de una película, “Sin retorno”, multipremiada y considerada en su día la mejor película latina independiente. Los guiños al cine no faltan en su obra literaria y en esta novela le ayudan (61) incluso a modelar la personalidad del personaje conductor de la trama: la nieta de Olivia, un ser que guarda “íntimamente escondidos en sus entrañas los prejuicios ancestrales de su clase aristocrática, no tanto contra las clases más humildes, sino especialmente contra la clase media burguesa”.
 
Si la técnica periodística la utiliza Julia en contadas ocasiones, la cinematográfica es un rasgo permanente de la novela. El flash back, la vuelta atrás, el engarce de pasado y presente le sirve para acomodar temporalmente a sus personajes en el relato; lo utiliza a modo de escalón para avanzar en una trama compleja que la autora desbroza con paciencia franciscana y determinación castrense.
 
El tiempo es una variable indómita, imposible de controlar. “A menudo he sentido que en la vida cabalgamos encima de un segundero”, confiesa la protagonista de la novela (188). Afortunadamente, en el cine hay recursos para acompasar el tiempo literario al ritmo narrativo y eso Julia lo hace con pericia en su obra.
 
Les voy a mencionar algunos ingredientes de la novela.
 
Las violetas para Olivia crecen en un escenario mezcla de feudalismo y modernidad. Aún en los años ochenta, quizás hoy, lo ignoro, en Andalucía había pueblos que pertenecían a una familia. Todo lo que allí respiraba y se movía era propiedad de un apellido de renombre. Sus moradores pagaban incluso por los conejos que cazaban en las tierras del señor. La iglesia, la escuela, todo se regía por el gusto y capricho de la señora duquesa, o marquesa, o condesa. La única mejora respecto al Medioevo, en los ochenta del siglo pasado era la presunta desaparición del derecho de pernada.
 
La trama de la novela conduce a veces hacia parajes incómodos, inexplicables o, sencillamente, inquietantes (280-281). Al menos esa es la sensación que a mi me produce vivir una situación por la que estoy convencido que ya he pasado antes. ¿No les ha sucedido a ustedes? ¿Nunca han tenido la impresión de vivir una escena por segunda vez? Si se trata de una circunstancia hedonista, bienvenida sea. Doble disfrute. Pero si el escenario es dramático, la perspectiva cambia. Este es el paraje inquietante que Julia propone en su obra y que, según dice, tiene causa en la genética, en la sensación de predeterminación del género humano que los estudios en la materia apuntan. ¿Acaso es la vida un camino trazado en el adn? ¿Acaso, como nos preguntábamos antes, la pasión queda registrada en laherencia genética? La formulación misma de estas preguntas se me antoja incluso dolorosa.
 
Una encrucijada por la que circula el amor, el odio, el orgullo, la pasión y el honor es terreno abonado para una de las lacras sociales más largamente silenciadas en nuestra sociedad: el maltrato y la violencia de género. La violencia de género y sexual (160) tiene su sitial en la familia Martínez Durango.
 
En una página, solo una (175-176) necesita Julia para abordar y describir con maestría qué es el amor enfermo, ese amor podrido “que no necesita a la otra persona”, y por qué se llega a la humillación de la compañera, la esposa, la madre de tus hijos.
 
Hay más condimentos dando sabor a la novela.
 
Los celos, la libertad, el matrimonio (“creado solo para las que saben aguantar”), el pecado de la masturbación y el lesbianismo, esa otrora aberración social que Julia aborda con delicadeza de neurocirujano.
 
En fin, en Violetas para Olivia uno encuentra de todo menos “negocios, salud, religión y política”, que son los cuatro “asuntos de mal gusto en la mesa de los Martínez Durango”.
 
Último tranco. ¿Por qué es recomendable leer Violetas para Olivia?
 
El odio, como el amor, se siente verdaderamente muy pocas veces en la vida, dice en la novela una de sus protagonistas.
 
Violetas para Olivia es un libro del amor. Con letras mayúsculas. Se me antoja una rareza en los tiempos de decrepitud moral que vivimos. Julia aborda el amor, el motor del alma humana, desde todos los ángulos. Se rodea de un manojillo de personajes que le permiten bucear en las pasiones ciegas que el amor produce, introducirse en la homosexualidad, viajar por el egoista deseo de posesión, contemplar el explosivo coctail que surge cuando el deseo mezcla con intereses económicos y sociales. Y, finalmente, surge espontáneo ese amor, como el tiempo, indómito, que se ofrece a alguien en vacío, sin contraprestación.
 
Dicen que es imposible escribir sin dejar rastro de las propias experiencias. Yo tengo la convicción de que en Violetas para Olivia se emboscan pasajes de la vida de su autora.
 
¿Por qué leer Violetas para Olivia? Para bucear en el intrincado mundo sentimental y pasional de la mujer. Se me antoja que la obra está concebida para que la lean, sobre todo, los hombres y descubran, de la mano de una mujer que las pasiones arruinan la vida, pero que no hay vida sin pasión. Creo que una de las enseñanzas de la obra es que el hombre y la mujer están condenados al capricho de la pasión. Y el que no la viva es mujer u hombre muerto.
 
Violetas para Olivia, en mi opinión, son dos novelas en una. Por la superficie flota la intrincada historia de una familia; sumergida, bucea la íntima historia de una pareja.
 
Estoy persuadido de que esta novela es una declaración de amor.
 
Y hablando de declaraciones, quiero, Julia, hacerte dos delante de estos amigos, a quienes pongo por testigos. Deseo hacerte saber que te quiero mucho. Pero también quiero hacerte saber lo mucho que te envidio por lo bien que escribes.
 
Por Nacho Alonso
Dia de publicacion: 
Lunes, 1 Enero, 2018 - 01:00
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Blog, Por Nacho Alonso