Literatura y Navarra es posible

 

Literatura y Navarra es posible

la biblioteca nacional contó con cinco autores el martes en la segunda muestra de las letras navarras

madrid, eduardo laporte - Jueves, 19 de Mayo de 2011 - Actualizado a las 05:29h

Manuel Hidalgo, Julia Montejo, José Luis Martín Nogales, Reyes Calderón y, al final de la mesa, Juan Gracia Armendáriz.

Manuel Hidalgo, Julia Montejo, José Luis Martín Nogales, Reyes Calderón y, al final de la mesa, Juan Gracia Armendáriz. (Eduardo Laporte)

ES ya archiconocida la burla de Pío Baroja, que vivió en sus años mozos en la calle Nueva de Pamplona, sobre la capacidad crítica de quienes fueron sus vecinos, al mofarse del diario El pensamiento navarro, del que decía que contenía un oxímoron.

Música callada, pensamiento navarro. Ayer, en uno de los salones de la Biblioteca Nacional, en Madrid, no se llegó a refutar la provocación barojiana, pero quedó demostrado que existe no sólo un pasado, sino también un presente y un futuro en el campo literario de raíces navarras. Juan Gracia Armendáriz, uno de los participantes en el acto Navarra. Muestra de Literatura 2011, que promueve el Gobierno foral, recordó que era habitual el comentario de que el carácter navarro está reñido con el sentimiento poético. "Pero lo cierto es que los poetas navarros son legión", defendió el autor de Diario del hombre pálido.

Los invitados a esta sesión literaria, que contó con una nutrida asistencia de público, no eran tanto poetas sino narradores, aunque con vertientes variadas, como la periodística (Manuel Hidalgo), la cinematográfica (Julia Montejo), la académica (José Luis Martín Nogales, director de la UNED en Navarra), la histórica (Reyes Calderón) y la más próxima al microrrelato y a la literatura del yo, como en el caso de Gracia Armendáriz. Rompió el hielo el profesor de literatura y autor de la novela La mujer de Roma (2008), Martín Nogales, que trazó un completo recorrido por los cien últimos años de creación. Citó, entre otros, al difunto Pablo Antoñana, recordando el estudio que a su figura dedicó el crítico Santos Sanz Villanueva, que siempre ha lamentado el poco reconocimiento del autor de Relato cruento. Ángel María Pascual, el villavés Ángel Zuñiga, Félix Urabayen, Rafael García Serrano o José María Iribarren fueron nombres de peso en la posguerra y el realismo de mediados del siglo XX, que evolucionó gracias al trabajo de autores como Germán Sánchez-Espeso, premio Nadal en 1978 por Narciso y autor de una ambiciosa pentalogía. Se llega así a los ochenta, década que vio el despegue de Miguel Sánchez-Ostiz y de Manuel Hidalgo, de quien alabó su Días de agosto.

Martín Nogales destacó también a Fernando Chivite y a Fermín Goñi como autores subidos al carro de las tendencias nacionales, como la incorporación del yo a las novelas; el realismo sucio de firmas como Daniel Vidaurreta o Jesús Carlos Gómez y la importancia de Javier Díaz Húder en novela histórica. Entre su exhaustivo repaso, señaló también a Roberto Valencia, Ismael Martínez Biurrun, Jesús Mauleón y Javier Eder, con una mención especial a Jesús Ballaz, por su aportación a la literatura infantil y juvenil. ¿Y en euskera? Aingeru Epaltza, Jokin Muñoz y Patxi Zabaleta.

El profesor acabó su intervención con un sucinta conclusión sobre la escritura que se hace en Navarra o que firman autores navarros. "Es rica, heterogénea y ofrece registros variados, como el realista, el intimista o la mirada histórica. ¿Interesante? Sí. ¿Merece la pena leerla? Sí".

proceso de escritura

Señas de identidad

Sin intención de abrir el espinoso melón de la identidad navarra, los cuatro autores que intervinieron después contaron su experiencia personal, los motivos por los que vendieron su alma a la literatura. Reyes Calderón, escritora de novela policíaca y que vende sus títulos en todo el mundo, defendió una literatura que puede ser "terapeútica" y que nace de la curiosidad y del empeño en cultivar "ese 2% genético que no compartimos con los chimpancés". Reconoció su pasión por la creatividad, a la que entrega todo su espíritu. "Cuando una idea me atrapa, me enamoro de ella y no puedo soltarla hasta que los personajes van fraguando, que es cuando me pongo a escribir", explicó. La clave de su éxito, escribir como quien esculpe. "Quitar para sacar lo que hay dentro", dijo la autora de Las lágrimas de Hemingway.

Juan Gracia Armendáriz, recuperado de un reciente y esperado trasplante de riñón, adelantó que quizá se deje tentar por los escritores Irazoki y Aramburu, y culmine una trilogía "patográfica" que inició con La linea Plimsoll y siguió con Diario del hombre pálido, que ha cosechado un notable éxito en el seno de la editorial madrileña Demipage. Contó Armendáriz que empezó a escribir "para llamar la atención de los mayores" y coincidió con Reyes Calderón en su concepción de la literatura como algo más cercano a la venda que a la herida. Puso el punto y final a su intervención con la alusión a siete autores navarros a los que dijo admirar: Francisco Javier Irazoki, Pablo Antoñana, Miguel Martínez-Lage, Miguel Sánchez-Ostiz, Eduardo Gil Bera, Roberto Valencia y Eduardo Laporte.

Tomó el testigo Julia Montejo, que hace escasas semanas presentó en Madrid, bajo el sello Martínez Roca (Planeta), su novela Violetas para Olivia. Pese a que el cine y la televisión constituyen su principal dedicación, Montejo se reconoció deudora de la tradición literaria clásica con autores como Balzac o Stendhal que, en su opinión, fueron los primeros en crear hombres y mujeres allí donde antes solo había personajes. Citó dos películas que, a su juicio, demuestran cómo ha cambiado el mundo de la creación. Zabriskie Point, de Antonioni, y American Beauty, de Sam Mendes, cuyo famoso plano de la bolsa en el aire sintetiza la búsqueda de arraigo que nos caracteriza hoy. "Estamos en un momento creativo fascinante", celebró.

Con la voz afectada por la gripe, pero aun así grave y con poso umbraliano, Manuel Hidalgo repasó su carrera literaria, que definió como próxima al realismo pero con concesiones a la aventura estilística. Afincado en Madrid desde 1978, Hidalgo reconoció entre sus señas de identidad la del lugar de origen. "Somos de donde venimos. Podemos rebelarnos contra ese hecho, pero al final resulta imposible", confesó el autor de La infanta baila, que el próximo 2 de junio presentará en Madrid un libro de encargo dedicado a Navarra. Al referirse a su obra, a sus señas de identidad literarias, describió también un dilema habitual del ser humano. "Mis novelas tratan de la dificultad de sacar adelante un propósito, con las limitaciones que nos son propias, y la pejiguera de que toda decisión es siempre una decisión moral", concluyó. Segundos después, Salvador Estébanez, delegado del Gobierno foral en Madrid, clausuró el acto con unas palabras de afecto al traductor y poeta Miguel Martínez-Lage, fallecido en su casa de Almería el pasado 14 de abril.

 
 
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Martes, 1 Enero, 2019 - 01:00
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Noticias de Navarra