Violetas para Olivia. Presentación realizada en Cádiz (10/11/2011) por el escritor y periodista Juan José Téllez.

 
Julia Montejo ha unido el aire de los folletines del XIX con el vértigo literario del siglo XXI, a través de varios tiempos del siglo XX. “Violetas para Olivia”, el libro que hoy presentamos y que ha publicado la editorial Martínez Roca del grupo Planeta, es sobre todo una novela de la memoria. No en balde, el nombre de su protagonista, Madeleine es un claro y expreso homenaje a Marcel Proust.
 
Aquí también buscamos el tiempo perdido, pero el de varias generaciones de una misma familia, con la amenidad de quien sabe escribir guiones para cine y televisión –“Siete vidas”, “Cuestión de sexo”, “Motivos personales” o “Gavilanes”--, pero gusta de los viejos novelones góticos, que ya descubrieron hace mucho que existen géneros literario pero no etiquetas y que una misma obra, como ocurriera en las de Iris Murdoch que tanto se menciona en “Violetas para Olivia”, es posible congeniar el drama y la intriga, la pesquisa sentimental o las narraciones de viaje como en aquellas antiguas novelas bizantinas, los libros de aventuras peregrinas que sentaron en el siglo XII las bases de las road movies de hoy.
 
A través de “Violetas para Olivia”, viajamos desde los ranchos miserables en los cerros de Caracas al París de la nouvelle vague o el profundo sur de Andalucía. Es una historia de interiores, como los recovecos de la casa palacio de los Martínez Durango a San Gabriel, ese pueblo que no existe porque quizá exista demasiado y esté en muchos lugares al mismo tiempo. Un confín al sur de Andalucía que, en gran medida, evoca al condado ficticio de Yokanapatawpha, en donde su admirado William Faulkner ubicó buena parte de sus narraciones y que en gran medida se inspiraba en el condado de Lafayette, en Misisipi. En su argumento, pesa mucho la sombra del dinero, ya se cuente en pesetas o en euros en los distintos momentos de ese perpetuo y sabio flash-back que como una montaña rusa nos lleva y nos trae por distintas generaciones de una misma familia pero también por distintas etapas de la vida de tres mujeres distintas, marcadas por una misma historia de amor, una de esas herencias invisibles que terminan marcándonos mucho más de lo que nos gustaría.
 
Sin embargo, no se trata de una novela de mujeres, ni de una novela histórica: Julia Montejo nos demuestra que los prejuicios son eternos y los enigmas familiares también. Y que los espíritus manipuladores como el de la tía Clara que sigue cargando hoy con los huesos familiares del pasado quizá tan sólo encierren en el fondo una enorme carga de incertidumbre. La autora deconstruye el tiempo quizá para hacernos entender que nuestra memoria no transcurre necesariamente en orden cronológico, sino que los recuerdos son pellizcos aislados, las piezas minúsculas de ese rompecabezas que somos nosotros mismos. Así que no se extrañen que este libro que ya emociona a miles de lectores, les atrape tanto que quizá no se den cuenta que en algunos pasajes están leyendo las ideas de Sócrates transmitidas por Platón con una prosa y una perspectiva arrebatadoramente contemporánea.
 
Madeleine, la protagonista de “Violetas para Olivia” es una joven doctora de treinta y seis años a la que la Universidad sirvió para huir de todo el mundo terrateniente que le rodeaba y reducía. Al volver al caserón familiar para asumir una herencia que tampoco parece desear demasiado, se reencuentra con diversos misterios que han marcado su vida, como la repentina desaparición de su madre o el enigma que pesa sobre su abuela Olivia, prácticamente borrada del imaginario del clan, casi como José Stalin eliminó el rostro de León Trosky en una fotografía de la revolución soviética.
 
Les juro que el desenlace no les resultará previsible sino inesperado, pero también les advierto que hay mucho más de un desenlace en esta apasionante trama escrita con tanto rigor como amenidad, que nos ha regalado Julia Montejo. Todo el pasado nos persigue, incluyendo los acontecimientos que marcaron la vida de nuestros ancestros. Ese pretérito es la argamasa del presente y lo que vamos decantando hacia el futuro. El dedo que movemos, la palabra que pronunciamos, quizá sean fruto de algo que ni siquiera nos ocurrió a nosotros, pero que persiste en nuestro interior como un inevitable ADN sentimental.
 
Según sus datos biográficos, Julia Montejo nació en Pamplona y se licenció en periodismo por la Universidad de Navarra. En Estados Unidos, donde cursó un master de guión, producción y dirección cinematográfica en la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA). Allí, donde residió durante ocho años, ejerció como guionista y analista en el cine y la televisión. De hecho, junto a Jesús Nebot, escribió y dirigió la película No Turning Back (Sin retorno), que cosechó más de 20 premios internacionales, entre ellos el premio ALMA, la versión latina de los Oscar, a la mejor película latina independiente. Interpretada por Lindsey Price, Chelsea rendon o Vernee Watson-Johnson, se trataba de un filme en torno a la inmigración clandestina en California, pero a su vez era un viaje al corazón de los seres humanos. Ahora, los estudios de Fox Internacional han adquirido los derechos de uno de sus guiones, “Heart for auction”, “Corazón en subasta”, para una próxima producción. Escribe guiones en inglés y novelas en castellano. En los últimos años ha compaginado la actividad docente en la universidad con su trabajo como guionista en distintas series de televisión en España, pero también, con su primera novela, “Eva desnuda”, algo más que un strip tease físico, obtuvo el premio Ciudad de Torrevieja en 2005. Lo que no le ha impedido, por cierto, emprender la aventura de la maternidad, con dos hijos que aún son muy pequeños.
 
La madre de Julia Montejo era de Santa Olalla en Huelva, aunque las arenas de Chipiona, la reciben a ella y a los suyos cada verano. Así que “Violetas para Olivia” es resultado, en gran medida, de su deuda con el sur, cuando de niña viajaba al pueblo de su familia materna. Pero el escenario en donde realmente transcurre esta historia no es otro que el del amor, bajo una clara banda sonora, la de cómo han ido interpretando las mujeres ese hermoso espejismo a lo largo de la historia del pasado siglo.